10 de agosto de 2018

Israel reconoce oficialmente su estatus de estado de apartheid


Israel reconoce oficialmente su estatus de estado de apartheid


Recogemos en este post un comunicado del Sindicato de trabajadores árabes en Israel, tras la votación de la Ley sobre Identidad Nacional

Sindicato de trabajadores árabes (Registro N°: 58-0527612)

 28 de julio de 2018 – Votación de la ley sobre la identidad nacional

Israel reconoce oficialmente su estatus de estado de apartheid

La “ley sobre la identidad nacional”, recientemente ratificada por la Knesset israelí, ha desencadenado una tempestad de reacciones a nivel local e internacional. Esta ley establece el carácter judío del Estado y el derecho a la autodeterminación y al retorno exclusivamente a los judíos, y niega el derecho a los palestinos que viven en Israel en tanto que grupo autóctono palestino que viven en sus tierras ancestrales. Por otra parte, la ley estipula que la única lengua oficial del país es la hebrea y el rechazo total a que lo sea también la lengua árabe, como se establecía en la declaración de independencia del Estado de Israel.
En la práctica, la votación de esta ley es un reconocimiento oficial por parte de la Knesset y del gobierno de que Israel es un Estado racista que practica el apartheid respecto de la `población palestina.
Los palestinos de las regiones de Galilea, Triángulo y Neguev saben bien que, desde la Nakba de 1948, han vivido en la discriminación y el racismo a causa de los cientos de leyes promulgadas por los sucesivos gobiernos israelíes, en particular en lo que respecta a la confiscación de las tierras y la demolición de sus casas, discriminación contra ellos en los sistemas sanitario y educativo y discriminación también contra los trabajadores palestinos en todos los centros de trabajo, en particular su exclusión de los “centros de trabajo ligados a la seguridad” tales como aeropuertos, puertos terrestres, puertos marítimos y compañía eléctrica, del mismo modo que el servicio militar no es obligatorio para los palestinos.
La ley estipula explícitamente que se legalizan y legitiman el racismo y el apartheid. Lo que significa que la ley sobre la identidad nacional permite al régimen del apartheid en Israel continuar con su política de violación de los derechos humanos , desde las masacres contra los palestinos hasta la confiscación de la tierra y la demolición de casas, en particular en los pueblos y ciudades árabes, como sucedió recientemente en la ciudad de Sakhnin, el 23 de julio de 2018.
Un ejemplo: los trabajadores árabes que trabajan en hoteles o restaurantes israelíes en Tel Aviv o en cualquier otra ciudad o pueblo judíos no podrán expresarse en árabe, su lengua materna, porque la ley declara que la lengua hebrea es la lengua oficial del país; cada disposición legislativa se adopta explícitamente n beneficio de los judíos. Lo que significa que nos hallamos ante una nueva etapa d confrontación entre los derechos legítimos de los palestinos y el régimen de apartheid colonial que procederá a violar los derechos humanos de los palestinos en todos los frentes y a todos los niveles.
Frente a esta nueva etapa de la confrontación con el régimen colonial sionista en la Palestina ocupada de 1948, que es oficialmente apoyado por el imperialismo mundial, el pueblo palestino en la región de 1948, así como en las regiones de 1967, debe, más que nunca, prepararse para una nueva estrategia de lucha para afrontar esta nueva realidad, derrotar al régimen político del apartheid sionista, trabajar sobre un programa nacional de confrontación que incluya a todas las masas palestinas y al conjunto de las fuerzas nacionales de todas las afiliaciones ideológicas y políticas y, además, reclutar a todas las fuerzas judías progresistas con el objetivo de hacer frente a las nuevas leyes racistas ratificadas por el régimen de apartheid sionista.
Invitamos a todos los miembros y amigos de los sindicatos internacionales, a los camaradas y amigos del pueblo palestino, a levantarse y asociarse en esta fase crítica de la confrontación, y responder a las nuevas disposiciones del régimen de apartheid en Palestina.
Para expresar vuestra solidaridad y vuestro apoyo a esta campaña, contactad con el Sindicato de Trabajadores Árabes en Nazaret en las direcciones siguientes.
¡Viva la clase obrera!
¡Viva la lucha palestina contra el régimen de apartheid sionista!
 Arab Workers Union-Nazareth (Registro N°: 58-0527612)
P.O. Box 2721, Nazareth, Zip code 16126, Israel الناصرة ، ص.ب ٢٧٢١ الرمز البريدي ١٦١٢٦
Dr. Suheir Khoury’s Cell +972 (0)54 2030273 Email: suheirkh@gmail.com
Adv. Wehbe Badarne’s Cell +972 (0)52 9633870

9 de agosto de 2018

Palestina: Entrevista con Awad Abdelfatá


Palestina: Entrevista con Awad Abdelfatá


Awad Abdelfatá, coordinador de la campaña One Democratic State (ODSc), recientemente iniciada
Información Obrera: ¿Puede presentarse?
Awad Abdelfatá: Soy un palestino que vive cerca de Haifa, en las zonas palestinas ocupadas por el movimiento sionista en 1948. Soy hijo de una familia que sobrevivió a la Nakba, la limpieza étnica que el movimiento sionista organizó hace 70 años. Hasta hace poco tiempo, 2016, fui secretario general del Partido de la Asamblea Nacional Democrática, representado en la Knesset –Parlamento israelí– por 3 miembros. Antes de convertirme en secretario general del partido, en 1997, había trabajado durante diez años como periodista para un diario palestino en lengua inglesa. Hasta esa época, milité activamente en Abnaa Al Balad (un pequeño movimiento nacionalista marxista), que había tomado partido a favor de un solo estado democrático en toda Palestina. El Abnaa Al Balad fue cofundador del Partido de la Asamblea Nacional Democrática (NDA).
El Partido de la Asamblea Nacional Democrática, conocido en los medios de comunicación israelíes con el nombre de Partido Balad, que se creó en 1995, ha sido el más señalado y perseguido por el régimen del apartheid israelí.
El partido NDA aboga por la plena igualdad, por los derechos colectivos e individuales, por el derecho al retorno de los refugiados palestinos y por la creación de un Estado Palestino independiente en Cisjordania y en la franja de Gaza, con Jerusalén como capital. Social y económicamente defiende la justicia social y la redistribución de la riqueza.
Nuestro partido llama abiertamente a la abolición del carácter judío del Estado de Israel como condición previa para realizar la igualdad plena de los ciudadanos palestinos. El régimen sionista considera esta demanda como un intento tácito de socavar la legitimidad del Estado de Israel, y eso es lo que explica la incesante campaña de provocación y persecución del apartheid contra el partido y sus dirigentes. El último episodio de persecución se produjo a finales de 2016, cuando 39 dirigentes y cuadros, yo entre ellos, fuimos detenidos por la policía después de medianoche. Estuve detenido 11 días.
En los últimos años, nuestro partido ha debatido acerca de su apoyo abierto a la única opción democrática. La mayoría de sus jóvenes es partidaria de esta idea.

Decenas de miles de palestinos participaron en la Gran Marcha por el Retorno el pasado mes de abril
I.O.: ¿Cómo ve la Gran Marcha del Retorno?
A.A.: Pienso que es una de las iniciativas más importantes que jamás hayamos visto en esta gran prisión a cielo abierto. Es importante no sólo para la población de Gaza, sino para todos los palestinos y su justo combate, y para la causa palestina. La consigna propugnada por los manifestantes, volver a sus pueblos de origen dentro del actual Estado de Israel, y los medios pacíficos que han caracterizado esta movilización popular y de masas, han sorprendido a los dirigentes del régimen colonial israelí de apartheid y los han colocado en una difícil situación. En primer lugar, porque ha recordado al mundo el aspecto más esencial de la cuestión palestina, que es el derecho al retorno, y que el 70% de la población de la franja de Gaza son refugiados y, en segundo lugar, porque es inaceptable en el plano internacional y según la ley israelí, utilizar balas reales contra medios pacíficos y, por consiguiente, este tipo de resistencia ha neutralizado en gran medida la formidable potencia militar de Israel. Los horribles, brutales y traicioneros ataques de los tiradores de élite israelíes han despojado una vez más a Israel de su pretensión de ser un estado diferente de otros regímenes despóticos de la región. Además, ha obligado a Israel a utilizar medios menos mortíferos para reprimir esta resistencia popular.
I.O.: ¿Cuál es la motivación y cuáles los objetivos de la Marcha?
A.A.: Jóvenes militantes palestinos mantienen desde hace mucho tiempo la idea de que los refugiados marchen hacia la barrera del apartheid que estrangula a la franja de Gaza. Comenzó como un sueño, como escribió Ahmad Abu Rteme, uno de los principales jóvenes organizadores de la Marcha, sueño que hoy se ha convertido en realidad. La motivación subyacente es poner en evidencia la cuestión de los refugiados, que la administración norteamericana de Trump intenta ahogar en el marco de su plan de liquidación de la causa palestina, cuya primera etapa ha sido la agresión que constituye el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén. Por otra parte, uno de sus objetivos es atraer la atención del mundo sobre la escalada del sufrimiento humano de los palestinos asediados y sobre la urgencia de parar ese sufrimiento. No menos importante es el deseo de ayudar a la unidad nacional palestina, dada la actual división nacional catastrófica, en torno a una cuestión sobre la que hay consenso.
I.O.: ¿Por qué ha sido más fuerte la reacción a la Marcha del Retorno entre los palestinos de dentro de Israel propiamente dicho, el de 1948, que en Cisjordania?
A.A.: Es una de las consecuencias trágicas de los Acuerdos de Oslo, que fragmentaron la cuestión palestina en términos geográficos, demográficos, políticos y de prioridades, y debilitaron la voluntad de los palestinos residentes en Cisjordania de luchar contra el régimen de apartheid sionista colonialista. La Autoridad Palestina (AP) se ha trasformado en parte integrante del sistema israelí de control y de opresión en Cisjordania, perdiendo el apoyo de la mayoría de los palestinos. Ese papel y la rivalidad con Hamás que gobierna en Gaza, están en el origen de la abstención de la Autoridad Palestina (AP) de implicarse en la amplia movilización organizada en solidaridad con Gaza. Las manifestaciones limitadas que han tenido lugar en diferentes localidades de Cisjordania han partido de militantes independientes de la AP que, si la disidencia se convirtiera en masiva, utilizaría la fuerza.
En cuanto a la reacción de los palestinos de dentro de las fronteras de 1948 (Israel propiamente dicho), fue efectivamente más fuerte, pero no masiva. Las cuatro manifestaciones importantes que se desarrollaron en el espacio de tres semanas y, en la localidad costera de Haifa, tomaron un carácter conflictivo, fueron organizadas por jóvenes militantes palestinos, con la participación directa de jóvenes militantes y líderes de nuestro partido y del Movimiento Abnaa Al Balad. Esta reacción no ha logrado por el momento transformarse en una vasta movilización popular por diversas razones, entre ellas el brutal ataque de la policía. Sin embargo, la persistente escalada de la opresión y la colonización israelíes podría dar lugar a una explosión popular generalizada y en cualquier momento. La ley del Estado Judío, adoptada recientemente por el Parlamento israelí, no ha hecho sino añadir tensión a la inestable situación y nuevas razones para un aumento de la disidencia, sobre todo entre los ciudadanos palestinos de Israel.
I.O.: ¿Cuáles son las perspectivas de la Marcha y cuales los desafíos a afrontar?
A.A.: La Marcha ha abierto un nuevo horizonte a la lucha popular de base, sobre todo en una zona que no ha conocido ese tipo de lucha desde que fue sometida al bloqueo. A causa de ese bloqueo, se llegó a pensar que al hombre y a la mujer corrientes no les quedaba ninguna posibilidad de participar en la lucha palestina y que sólo la lucha militar podía hacer frente a la brutalidad de los militares israelíes. La resistencia a la agresión militar israelí quedó confinada a los que estaban bien entrenados militarmente, mientras que el resto del pueblo, la mayoría, se mantenía inactivo y proporcionaba principalmente un apoyo moral.
Es prematuro predecir la suerte de esta Marcha y determinar si puede seguir adelante y alcanzar a todos los palestinos, fuera de la franja de Gaza, y con ello crear un amplio frente nacional que perdure bajo la forma de una lucha bien planificada. Hasta ahora, ha hecho progresos importantes en términos de imagen mediática mostrando a Israel como un ocupante brutal y agresor, y confirmando que los palestinos son víctimas.
En segundo lugar, la movilización de todo el pueblo de Gaza en esta lucha popular. En tercer lugar, y no menos importante, ha galvanizado la consciencia nacional de sectores más amplios de la joven generación de Gaza, y probablemente de otras zonas, en torno al derecho al retorno.
Pero esta importante iniciativa aún debe hacer frente a enormes desafíos. En primer lugar, los que se derivan de la aparente determinación del régimen del apartheid de no ceder a ninguna de las reivindicaciones palestinas, al menos en lo referente a suavizar el asedio sin condiciones, la indiferencia y la colaboración con Israel por parte de los regímenes árabes, así como las sanciones impuestas por la Autoridad Palestina con sede en Ramala; y la marginación de los jóvenes organizadores que lanzaron la idea de la Marcha por parte de Hamás y otras facciones en la planificación y la dirección de las iniciativas de la Marcha. Los colonizadores israelíes han intentado vender al público israelí y a la comunidad internacional la idea de que todo ha sido planificado y dirigido por Hamás, que “pretende destruir el Estado de Israel”.
Los jóvenes militantes e independientes consideraron que era mejor que los jóvenes y los civiles ocupasen la vanguardia en lugar de los líderes de Hamás y de otras formaciones militares.
I.O.: ¿Qué cree que supone la Ley del Estado de la nación judía para los palestinos de Israel y para los palestinos en general, y qué impacto tendría en ellos y en su lucha en tanto que ley de un solo pueblo?
A.A.: Esta ley no hace más que institucionalizar las políticas racistas y coloniales y las medidas administrativas represivas que el Estado de Israel ha empleado desde 1948. Así, la ley no refleja solamente la posición y la ideología de la extrema derecha rampante y de las fuerzas nacionales religiosas de Israel, sino que asume la ya sombría realidad y la naturaleza del régimen sionista. Por ello, más de 40 de los 120 miembros de la Knesset han votado en contra. Pensaban que no había necesidad de esta ley porque todas esas políticas represivas y discriminatorias y de judaización llevan mucho tiempo siendo aplicadas por el Estado de Israel sin provocar una gran protesta internacional. Los que se llaman sionistas liberales habían advertido de que esto provocaría una crítica a escala mundial y empañaría la imagen del Estado judío. Y, en efecto, eso es lo que está sucediendo. La ley institucionaliza en adelante la inferioridad de 1,5 millones de palestinos ciudadanos del Estado de Israel, y les impide casi por completo denunciar esta situación ante los tribunales israelíes. La ley acaba también con la ilusión de la solución de los dos estados, ya que convierte la totalidad de Palestina en una tierra exclusivamente judía, y niega así el derecho (de los palestinos) a la autodeterminación.
Numerosos palestinos, incluido yo mismo, consideran la aprobación de esta ley como una buena ocasión para denunciar el verdadero rostro de Israel, en tanto que régimen colonial de apartheid. Ofrece a la dirección palestina una ocasión para renunciar a la ilusión de lograr la paz mediante concesiones y para contribuir a la mejora y a la unificación de la lucha nacional palestina. Además, facilitará la campaña de boicot.
I.O.: Habla Vd, de 40 miembros de la Knesset, pero ese número no incluye a los miembros árabes. ¿Puede precisarlo?
A.A.: Votaron en contra unos 40 miembros de la Knesset, sin contar los 13 miembros de la lista única árabe, ni tampoco a los dos miembros de la Knesset árabes que son miembros de partidos sionistas. Quiero subrayar que esos 40 sionistas votaron contra la ley no porque estén en contra del carácter judío del Estado, ni del proyecto de colonización con asentamientos, sino porque la ley constitucionaliza el apartheid que ya existe y dificulta defenderlo en los círculos internacionales.
I.O.: Se habla de que hay palestinos que propugnan un boicot de la Knesset…
A.A.: No hay un movimiento organizado por el boicot de la Knesset. Pero está cogiendo fuerza la posición favorable al boicot. Yo mismo he declarado que ya es hora de boicotear a ese parlamente colonial y racista. Esto puede cambiar en cualquier momento.
I.O.: ¿Usted y otros palestinos e israelíes progresistas y antisionistas han empezado a organizarse por la opción de un estado democrático en Palestina. ¿Podría hablarnos de esta iniciativa? ¿Por qué se produce ahora?
A.A.: La idea de un estado democrático único en la Palestina histórica no es nueva. Es antigua. Tampoco se trata del primer intento de organizar y construir un marco para promover una entidad política igualitaria como alternativa al oneroso y brutal régimen israelí de apartheid colonial. El Movimiento Nacional Palestino, y la Liga de Liberación Nacional con predominancia comunista, había preconizado un estado unitario igualitario antes de la Nakba de 1948. Incluso antes de eso, hubo el grupo judío Brit Shalom, dirigido por Yehuda Magness y otros intelectuales judíos, que propugnaban un estado binacional y se oponían a un estado judío en Palestina.
En el último decenio, en particular tras el aplastamiento de la segunda Intifada y el fracaso de la opción de los dos estados, la idea de un estado único ha salido de nuevo a la superficie, en la forma de un debate académico e intelectual, seguido de tentativas de levantar movimientos populares por parte de antiguos políticos, jóvenes y viejos, militantes y dirigentes. El debate se ha extendido y ha comenzado a penetrar en la sociedad, pero ninguno de los movimientos impulsados se ha transformado en un movimiento eficaz y popular. Han agrupado a fuerzas escasas.
Teniendo en cuenta este contexto y nuestra adhesión al principio de un solo estado, hemos pensado que era el momento de lanzar una iniciativa para unir a todos los que apoyan esta noble idea. Tras un debate interno, hemos concluido que era mejor comenzar con una campaña antes que con un movimiento, con vocación inclusiva y pluralista. Mediante este enfoque, creemos que otros grupos e individuos pueden unirse y contribuir al proyecto, manteniendo así un modo de trabajo democrático.
En menos de un año, hemos creado una plataforma política y levantado un comité preparatorio amplio, compuesto por más de 120 activistas palestinos y judíos, universitarios, escritores, profesionales del periodismo, jóvenes y menos jóvenes. Se han levantado comités especializados y se prepara un lanzamiento en octubre próximo en Haifa. Nos encontramos aún en la etapa de fundación y hay un largo camino ante nosotros.
I.O.: ¿Qué hay de la “sociedad judía israelí”? ¿Qué aceptación tiene esta idea?
A.A.: Israel hoy está dirigido por las fuerzas de derecha más extremas, y por consiguiente la sociedad israelí está sometida al lavado de cerebro e influenciada por la política antiárabe y antipalestina de la coalición en el poder. El número de judíos que apoyan el estado democrático único es minúsculo. Sin embargo, eminentes universitarios judíos, intelectuales y activistas se han sumado recientemente a la defensa del estado único. Pero están en el margen de la sociedad israelí. Creo que su participación en la iniciativa es muy importante y añade credibilidad moral a la idea de vivir juntos en un mismo territorio. Tenemos en la dirección a personajes eminentes: Illan Pappe, historiador y activista y autor de numerosos libros sobre Palestina y el sionismo. Jeff Halper, sociólogo y jefe del comité israelí contra la demolición de las casas palestinas en Cisjordania y en Jerusalén. Eitan Bronstein fundador de Zochrot, una asociación relacionada con el derecho de los refugiados. Tenemos decenas de apoyos y partidarios.
Pensamos, a partir de nuestra lectura de la situación política actual, que es el momento oportuno para promover esta idea. Hay una necesidad de presentar una nueva visión alternativa a la opción de los dos estados que ha sido destruida por el estado de Israel, y por el golpe mortal que el presidente norteamericano populista, Trump, ha infligido a esa ilusión trasladando la embajada norteamericana a la Jerusalén ocupada. Y ahora, tras la aprobación de la ley del estado de la nación judía, la iniciativa resulta aún más urgente.
I.O.: ¿Cuál es la posición de las facciones palestinas en los territorios ocupados de 1967 y de los partidos políticos palestinos en el interior de Israel?
A.A.: La mayoría de los partidos y de las facciones no han cambiado de opinión sobre lo que ellos llaman la necesidad de poner fin a la ocupación de Cisjordania y al bloqueo de la franja de Gaza, así como la realización de un estado palestino soberano y completo. Sostienen que el paradigma de los dos estados goza aún de un amplio apoyo internacional. Pero yo creo que esto refleja la profunda crisis a la que están confrontados, porque la comunidad internacional no ha hecho nada para forzar a Israel a aceptarlo. Esto se refleja en el número creciente de voces en el seno de sus circunscripciones que suscitan la necesidad de producir una política alternativa y un discurso de esperanza.
Es sin duda una de las dificultades a las que estamos confrontados, pero creemos que las cosas van a cambiar pronto. El racismo colonialista y abierto de Israel no deja ninguna otra opción al pueblo palestino y al mundo.
Mediante la determinación, el trabajo organizado, la campaña, la buena planificación y la cooperación con todas las organizaciones progresistas y democráticas, los movimientos y los individuos de todo el mundo, podemos efectuar un cambio en la consciencia política. Los crecientes signos de ese cambio pueden ya apreciarse en todas partes.
Consideramos el combate de los palestinos como parte integrante del de las fuerzas populares internacionales que luchan contra la explotación y las guerras imperialistas, y por un orden mundial alternativo y justo, es decir por un nuevo orden político y social basado en la auténtica democracia, la justicia social, la redistribución de la tierra, antiimperialista y antineoliberal.

Ahed Tamimi, la joven activista palestinavque había sido encarcelada por abofetear a un soldado israelí, acaba de ser liberada después de ocho meses en prisión

3 de agosto de 2018

Sembrar la duda, exculpar a Negrín – A propósito de un hallazgo


Sembrar la duda, exculpar a Negrín – A propósito de un hallazgo


3 agosto, 2018 en Movimiento Obrero, Tribuna libre
Por: Josep A. POZO GONZÁLEZ

Las declaraciones de Carmen Negrín

El pasado 19 de julio, coincidiendo con el 82 aniversario de la revolución obrera que hizo fracasar el golpe de Estado contra la República, las agencias de noticias se hacían eco de una información facilitada por la nieta de Juan Negrín, último presidente del gobierno republicano. En ella se decía que se había hallado en el sótano de su vivienda de París, un baúl con unos 40.000 documentos, hasta ahora inéditos, muchos de los cuales tratan sobre el Estatuto de Cataluña y sobre el POUM. Pero como de pasada, y como si fuera lo más extraordinario a resaltar del mencionado hallazgo, Carmen Negrín señalaba algo de lo que se han hecho eco diversos medios[1]. Entre la documentación se han encontrado diversos libros que, al parecer, procederían de la biblioteca del POUM, circunstancia que se explica por el hecho de que cuando este partido fue ilegalizado y sus bienes requisados, se puso a subasta siendo adquiridos por el hijo de Negrín a instancias de su padre[2]. Entre esos libros, “uno de una Asociación anarcosindicalista aliada del partido de Andrés Nin [probablemente se trata de la Agrupación “Los Amigos de Durruti”] con una dedicatoria manuscrita llamativa: de Joseph Goebbels, el ministro nazi de Propaganda”. Por si no fuera suficiente, y para acabar de redondear el asunto, Carmen Negrín señaló que “hay una cantidad de propaganda nazi impresionante”, lo que “da una idea de lo que era la biblioteca del POUM y de esa Asociación Anarcosindicalista”, que abriría, según ella, un interrogante sobre las relaciones de este partido.
Desde luego, la referencia a las “relaciones” del POUM no parece gratuita, aunque no deja de ser sorprendente. Si lo que se pretende sugerir es que tener libros sobre el nazismo convierte automáticamente en sospechosos de simpatizar con esa ideología a sus propietarios, y adónde se quiere llegar es que, por este mismo razonamiento, no iba tan desencaminado el estalinismo en su campaña contra el POUM, el hilo del que se tira es ciertamente corto y la insinuación bastante burda. La nieta de Negrín no debe ignorar que su abuelo, que era un gran bibliófilo, tenía libros de Trotsky en su biblioteca particular … y eso no lo convirtió nunca en trotskysta. Por otro lado, habría que ver además la procedencia real de esos libros, y si pertenecían a quien se dice que pertenecen. No es difícil imaginar cómo podría haber sido utilizada toda esa “propaganda nazi” en manos de la policía, por todos aquellos que pusieron tanto empeño en fabricar pruebas falsas. Baste decir que el libelo inmundo que el estalinismo puso en circulación en 1938, “Espionaje en España”, que reúne buena parte del arsenal de calumnias, falsificaciones, manipulaciones, y supuestas “pruebas” que demostraban las relaciones del POUM con el fascismo, no hace referencia alguna a este material.
En realidad, la insinuación de Carmen Negrín no pasa de ser una vulgar insidia. Ciertamente una canallada, que en todo caso no puede excusarse ni tan siquiera por el hecho de venir de quien viene, es decir, de alguien que se ha entregado en los últimos años a limpiar la trayectoria política de su abuelo, y a responder a su vez a las numerosas acusaciones que se le han hecho. La Fundación Juan Negrín y su nieta tienen todo el derecho del mundo a reivindicar la figura de quien fue el último presidente del gobierno de la República, pero no a arrojar basura sobre Nin y sus compañeros. ¿A qué vienen esas insinuaciones que subrepticiamente pretenden vincular el POUM con el nazismo, en la más pura tradición estalinista?
Conviene señalar que ni tan siquiera su abuelo se creyó realmente las explicaciones con las que el estalinismo pretendió encubrir el asesinato de Nin. Al menos, eso tuvo que reconocer a posteriori. En unas notas manuscritas redactadas en el exilio –en lo que parece pretendía ser un esbozo de sus memorias- Juan Negrín hace referencia a la visita que le hizo Orlov y a las explicaciones completamente fantasiosas que éste le dio acerca de la desaparición del dirigente del POUM. Según el jefe de la NKVD en España, Nin era un fascista aliado de Franco y por esa razón había sido detenido, y que estando preso, había sido rescatado por unos falangistas. Negrín, incómodo ante semejante fantasía, asegura que le espetó que “de vez en cuando había leído novelas detectivescas” pero que esta le parecía inverosímil.[3]
Es verdad que esto fue escrito mucho después, cuando se encontraba en el exilio y había tenido que soportar las críticas -muchas de las cuales, de sus antiguos compañeros del PSOE- por su actuación condescendiente con el PCE y Moscú. Pero alguien que estuviera convencido de la verosimilitud de las acusaciones estalinistas contra Nin y contra el POUM, probablemente no hubiera hecho este ejercicio, ni habría revelado esta conversación. Por otro lado, quienes tuvieron relación con Negrín, afirman que era lo suficientemente inteligente como para creerse semejante patraña y que nunca le dio crédito[4]. Otra cosa es que asumiera, hasta sus últimas consecuencias, la explicación “oficial” y la sostuviera en tanto que presidente del gobierno de la República.
Pero tampoco se creyó esta versión Azaña, según cuenta él mismo, cuando Negrín le informó de la versión novelesca ofrecida por los soviéticos[5]. Sin embargo, sea como fuere, ni uno ni otro movieron un solo dedo para impedir el asesinato, ni alzaron la voz -al menos en público- para protestar por el secuestro de Nin, o cuando escucharon por boca de los dirigentes del PCE las calumnias más groseras y delirantes acerca de un supuesto complot que relacionaba a un grupo falangista detenido en Madrid, a quien la policía “encontró” un plano de la ciudad con una inscripción en tinta simpática que designaba a “N” –Nin, claro está- como un agente seguro al servicio de Franco. La falacia era tan inmunda y rocambolesca que ni el propio ministro de Justicia, el representante del PNV Manuel de Irujo, concedió ningún crédito a esas “pruebas”, como reconoció ante una delegación presidida por el diputado y presidente del Independent Labour Party, James Maxton, que se entrevistó con él.
Nadie que tuviera un mínimo sentido de la decencia podía hacer suya la campaña de calumnias que desató el estalinismo en España contra el POUM y otros dirigentes revolucionarios, inmediatamente después de los Hechos de Mayo. Nadie desde el gobierno de la República –incluidos probablemente los ministros del PCE que la apoyaron entusiásticamente- creía en la verosimilitud de la campaña de difamación que se puso en marcha, que incluyó la fabricación de pruebas falsas con el objetivo de “demostrar” la connivencia de los dirigentes del POUM con Franco, la Gestapo, etc., etc. Nadie con un mínimo de conciencia y honestidad personal, que conociera a los dirigentes del POUM, podía creer tamaña manipulación.
Sin embargo, la realidad es que aquella campaña fue muy útil al gobierno, a pesar de los quebraderos de cabeza y de la incomodidad que generó entre algunos de sus miembros, obligados a dar «explicaciones» ante el escándalo que se formó por el hecho de que ni el ministro de Gobernación, ni el de Justicia, supieran con exactitud qué había pasado con Nin. Y no era para menos: quienes se habían planteado el objetivo político de acabar con el “caos” y el “desorden” que según ellos imperaba en la retaguardia, quienes proclamaron la decisión de poner coto a las iniciativas “particulares” o de partido porque, según se repetía constantemente, socavaban la autoridad del Estado y comprometían el prestigio del gobierno de la República, tuvieron que transigir y mirar para otro lado ante la acción “incontrolada” de quienes, a su vez, se habían propuesto el objetivo de acabar con los revolucionarios.

La responsabilidad de Negrín


Juan Negrín
De hecho, todos intentaron tapar de alguna manera el asunto, al tiempo que por decreto ley el gobierno creaba, el 22 de junio de 1937, el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, un tribunal especialmente creado para perseguir al POUM. Negrín fue uno de los que más empeño puso en cubrir la actividad del NKVD, como pudo comprobarse en las deliberaciones del Consejo de Ministros. En efecto, la desaparición del dirigente del POUM y todo el affaire que rodeó a este partido, fueron tratados en dos reuniones celebradas el 14 y 15 de julio de 1937 en Valencia. El socialista Julián Zugazagoitia, en aquellos momentos ministro de la Gobernación, ha dejado escrito que ante la amenaza de su dimisión –y también de la de Prieto que se solidarizó con él- obtuvo la destitución del Director General de Seguridad, el teniente coronel Ortega, miembro del PCE, y a quien todo el mundo menos su partido, señaló como uno de los responsables por activa o por pasiva del asesinato de Nin.[6] No obstante, como reconoce Zugazagoitia, todo quedó aquí. Prieto culpó a Negrín de la decisión de suspender las averiguaciones cuando además estaban a punto de culminarse con éxito[7], pero lo cierto es que, como afirma uno de sus biógrafos, todo el “gabinete aceptó evitar una crisis grave de gobierno por lo que Negrín acabó calificando, más o menos, como un hecho menor”[8]. La indignación inicial de algunos ministros fue substituida por la aceptación de la idea que convenía echar tierra por encima. Y Negrín, como presidente del gobierno, tuvo un papel destacado en ello.[9]
Más allá de consideraciones morales, tapar el asesinato de Nin o ilegalizar un partido como el POUM –que con errores y aciertos intentaba representar y defender las conquistas revolucionarias arrancadas por el proletariado en julio de 1936, y que por esta misma razón, se oponía al curso contrarrevolucionario que a su juicio encarnaba el gobierno Negrín-, se impuso como una necesidad política. No es tanto la “razón de Estado” invocada por algunos historiadores que explicaría la actitud de Negrín y otros –que estaría dictada por el deseo de no llevar la investigación hasta las últimas consecuencias por temor a enemistarse con el único aliado sólido que tenía la República española-, como la necesidad de imponer un orden “antifascista” que disciplinara la retaguardia, que revirtiera las conquistas revolucionarias y restableciera la propiedad privada. Algo que pedían con insistencia los dirigentes del PCE, pero también los partidos republicanos burgueses, así como los socialistas no adscritos al largocaballerismo. Se trataba –decían- de alejar cuanto más mejor la imagen de una España revolucionaria, como condición indispensable para ganarse la simpatía y el favor de los gobiernos “democráticos” europeos, con la esperanza de que éstos acudirían en algún momento al rescate de la joven democracia española, que se debatía a muerte en una lucha desigual contra el fascismo que amenazaba a Europa.
Vana esperanza que, como es sabido, tuvo trágicas consecuencias, pero que se erigió en uno de los pilares sobre el que se construyó el discurso “antifascista” en oposición a quienes reclamaban la defensa y continuidad de la revolución social, como la forma más eficaz de luchar contra el fascismo. Discurso que sirvió para perseguir a todo aquel que lo cuestionó, al mismo tiempo que para azuzar a todos aquellos sectores sociales que aprovecharán las disposiciones del gobierno Negrín para, por ejemplo, reclamar las tierras confiscadas por las organizaciones campesinas durante el verano de 1936, o para pedir la restitución de sus propiedades.
Se trataba en definitiva de aplastar cualquier atisbo de oposición revolucionaria –entre los cuales el POUM-, que a pesar de las persecuciones, no dejaba de manifestarse continuamente[10]. El 18 de mayo de 1937, al día siguiente de la formación del Gobierno Negrín, constituido sin la participación de la CNT y de la UGT, y tras la dimisión forzada de Largo Caballero que se negó a los requerimientos de los ministros del PCE de poner fuera de la ley al POUM, este partido hacía pública una declaración en la que alertaba a los trabajadores sobre lo que representaba el nuevo gobierno que se acababa de formar. La declaración decía lo siguiente:
“El Gobierno Negrín es un simple instrumento al servicio de las «potencias amigas» y de la burguesía, interesados en poner término a la guerra lo más rápidamente posible, con el fin de evitar una victoria decisiva de la clase obrera y sus inevitables repercusiones en el terreno internacional; un Gobierno de liquidación de las conquistas revolucionarias logradas por el proletariado a costa de inmensos sacrificios; un Gobierno de «orden», es decir, enemigo de la revolución proletaria y salvaguarda de los intereses del capitalismo nacional e internacional”.[11]
En su octavilla, el POUM instaba a los trabajadores a desconfiar del nuevo gobierno que, por estar constituido a instancias de quienes desde París, Londres y Moscú estaban “fraguando la mediación”, “no puede ser el gobierno de la victoria ni de la revolución”. Llamaba asimismo a la formación de Comités de Defensa de la Revolución “dispuestos a defender las conquistas proletarias” y “a evitar que la revolución iniciada el 19 de julio sea estrangulada”, y se pronunciaba finalmente por la constitución de un gobierno CNT-UGT que “en el momento actual de la revolución española, representaría indudablemente un factor progresivo, afianzaría las posiciones del proletariado y representaría la garantía de que la guerra a muerte que tenemos empeñada con el fascismo sería llevada, sin vacilaciones ni compromisos vergonzosos, hasta las últimas consecuencias, hasta un fin victorioso.”[12]
Sin lugar a dudas, tales posiciones –que se correspondían no solo con las que defendía el POUM, sino también sectores importantes del movimiento libertario[13]– resultaban un obstáculo para la acción restauradora que el gobierno encabezado por Negrín se propuso llevar a cabo. En cualquier caso, representaban un peligro potencial evidente, que convenía afrontar y extirpar con decisión. Las direcciones de los partidos que conformaban el Frente Popular –particularmente el PCE, apoyado entre otros por Prieto y los socialistas del ala derecha- tuvieron que emplearse a fondo para imponer una orientación que muchos militantes obreros consideraron contraria al espíritu del 19 de julio, cuando no directamente contrarrevolucionaria. El POUM intentó recoger esa resistencia al curso liquidador que, en su opinión, llevaba directamente a la derrota. Y pagó por ello. El estalinismo sabía perfectamente que eliminando al POUM -a quien le suponían con capacidad suficiente como para poder elaborar una alternativa susceptible de arrastrar a otros- se asestaba un golpe importante a la posibilidad que esa oposición pudiera cristalizar sólidamente y, sobretodo, que pudiera tejer relaciones con la izquierda socialista, con las Juventudes Libertarias y con otras organizaciones del movimiento libertario.
La campaña de acoso y derribo, de difamación y calumnias, que desplegaron contra el POUM los dirigentes del PCE y del PSUC, vino como anillo al dedo al gobierno y, por extensión, a todos los que reclamaban desde hacía tiempo mano dura en la retaguardia y dejarse de contemplaciones para acabar con las “veleidades revolucionarias”. Ciertamente, hubo excepciones notables y significativas de dirigentes que se negaron a hacer suya la campaña estalinista o que como mínimo, no callaron o intentaron hacer algo, como es el caso de Largo Caballero, Federica Montseny, Companys o Tarradellas. Pero fueron eso, excepciones, en medio de la avalancha de basura que cayó encima de los dirigentes del POUM. Aunque a algunos les repugnaran los métodos utilizados, lo cierto es que no le hicieron ascos, aunque protestaran muy indignados en privado. La responsabilidad política del gobierno Negrín en lo que hace referencia al encubrimiento del secuestro y asesinato de Nin, así como en la persecución que sufrieron los militantes del POUM solo por el hecho de serlo, es evidente. Su nieta lo sabe, como lo saben también algunos de los historiadores que se han acercado a la figura de Negrín, no obstante haber introducido todos los matices exculpatorios que se quieran.
No es nuestra intención polemizar aquí con el trabajo realizado desde hace años por la Fundación Juan Negrín para desmontar algunas de las acusaciones y leyendas que han envuelto su figura. Tampoco con aquellos historiadores que han justificado determinadas actuaciones por “razones de Estado” u otras consideraciones políticas[14], o que han otorgado a Negrín el beneficio de haber actuado movido por la necesidad ineludible de no incomodar a la URSS, el único aliado que facilitaba ayuda material a la República, aunque fuera a costa de algunas renuncias importantes. Ciertamente, el mito de Negrín como el “hombre de Moscú” en España, cultivado profusamente por la historiografía franquista -que explotó con un evidente afán propagandístico y justificativo de la “Cruzada”, entre otros, el episodio del envío de las reservas de oro del Banco de España a Moscú, que ha sido contestado por Ángel Viñas-, y reforzado también por los testimonios de compañeros suyos del PSOE, necesitaba ser respondido y analizado en su justa medida.
Sin embargo, aceptar que Negrín no fue el único responsable político que facilitó la influencia del PCE y de Moscú en los acontecimientos españoles, no puede servir para exonerar su responsabilidad, por otro lado suficientemente acreditada.
Fue la actitud revolucionaria del POUM -y no ninguna relación extraña- la que lo llevó a su ilegalización, al secuestro y asesinato de su dirigente Andreu Nin y de otros militantes, y al encarcelamiento y juicio de sus dirigentes. Como fue también ésta la causa que llevó a los trotskystas españoles al banquillo de los acusados, en el otro proceso paralelo al del POUM, que a imagen y semejanza de los celebrados en Moscú, se quiso hacer en Barcelona. Lanzar insinuaciones que recuerdan la campaña estalinista, no es la mejor manera de preservar la memoria de un hombre como Juan Negrín, quien, según cuenta Wilebaldo Solano, movido tal vez por un remordimiento de conciencia, y seguramente también por el deseo de que no le estallaran más escándalos, acabó ocupándose personalmente de velar por la integridad física de los encausados en el proceso del POUM, por temor a que corrieran la misma suerte que Nin. Proceso en el que hay que señalar que Zugazagoitia participó como testigo de la defensa –tal vez movido también por el mismo sentimiento de culpa-, como también lo hicieron Largo Caballero, Federica Montseny, Luis Araquistáin o Josep Tarradellas, y que acabó en octubre de 1938 con condenas de 15 años para los dirigentes Andrade, Gorkín, Bonet y Gironella, de 11 años para Jordi Arquer, por «haber intentado derrocar el orden establecido», y con la absolución para Escuder y Rebull. El Tribunal que los juzgó fue incapaz de mantener la acusación de espionaje y traición con la que el estalinismo intentó justificar su eliminación física y política y todos fueron absueltos de estos cargos. El intento de reeditar los juicios de Moscú en Barcelona con el proceso al POUM, y el que se abrió también en paralelo contra los trotskistas españoles, había fracasado[15]. Cabe añadir finalmente que el gobierno Negrín prohibió que se diera publicidad a la sentencia del tribunal.
81 años después de que militantes del POUM pintaran las paredes de Barcelona y de otras ciudades con la inscripción “Gobierno Negrín, dónde está Nin?”, es absolutamente inaceptable que se siembren dudas acerca de las razones por las que fue asesinado o que se intente menoscabar su compromiso revolucionario. La aceptación y difusión de determinados infundios, desde luego compromete la credibilidad de la reivindicación democrática de Juan Negrín, y en particular del esfuerzo que despliega la Fundación que lleva su nombre por desvincularlo de los “amigos de Moscú”, y sus métodos de calumnias y asesinatos.
29 julio 2018